29 de Octubre: día mundial del Ictus

28 octubre 2015
685 Views
Comments are off for this post

Con motivo de la celebración del Día mundial del Ictus, el 29 de Octubre, me gustaría aprovechar esta entrada para dar a conocer los principales factores de riesgos y los signos de alarma que éste presenta, así como otros temas que pueden resultar de interés.

¿Qué es un ictus?

Un ictus, según La Organización Mundial de la Salud (OMS), es una  ‘afección neurológica focal (o a veces general) de aparición súbita, que perdura más de 24 horas (o causa la muerte) y de presunto origen vascular’. También se conocen como embolias, trombos o accidentes cerebrovasculares. Un ictus puede estar provocado por un coágulo que no permite la correcta irrigación sanguínea o por la rotura de un vaso sanguíneo, en el primer caso hablaríamos de un ictus isquémico, y en el segundo, de un ictus hemorrágico. Son más frecuentes los isquémicos que los hemorrágicos (85% de los casos frente a un 15%).

Los datos no engañan: son la primera causa de discapacidad en el adulto, siendo en un 40% de los casos, una discapacidad grave. Se estima que cada año, 130.000 personas sufren un ictus en España, lo que se traduce a 1 de cada 6 personas.

Esta patología tiene una gran repercusión en la calidad de vida del paciente, quien puede mostrar limitaciones motoras, dificultades en el lenguaje, déficits cognitivos y diferentes trastornos emocionales/conductuales como depresión (61%), irritabilidad (33%) y agitación (28%). Pero no podemos olvidar el impacto que también tiene en la familia. Se trata de una enfermedad con grandes consecuencias tanto para el paciente como para los parientes más cercanos.

¿Cuáles son los principales factores de riesgo?

He aquí la buena noticia.  Existen ciertos factores de riesgo que no podemos modificar, como la edad, el sexo o los antecedentes familiares, pero existen mucho otros que sí se pueden modificar: tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, hipertensión arterial, diabetes, niveles elevados de colesterol, estilo de vida sedentario o dietas ricas en grasas y sal. Por otro lado, las enfermedades cardiovasculares también aumentan la probabilidad de sufrir un ictus, especialmente la fibrilación auricular.

¿Sabrías reconocerlo?

Existen 6 señales de alarma:

  • Pérdida de fuerza súbita en cara o extremidades de un lado de cuerpo o de los dos.
  • Sensación de hormigueo en cara o extremidades de un lado del cuerpo o de los dos.
  • Pérdida brusca de visión en uno o en los dos ojos.
  • Alteración repentina del habla, dificultad para expresarse correctamente.
  • Dolor de cabeza brusco y de elevada intensidad.
  • Vértigo intenso, incluso desequilibrio.

La detección precoz es fundamental de cara al tratamiento y las posibles secuelas, por lo que si detectamos estos síntomas en alguna persona o en nosotros mismos, debemos acudir inmediatamente a urgencias, ya que las tres primeras horas desde el inicio son importantísimas.

¿Cuál es el tratamiento a seguir?

El tratamiento comienza en el momento en el que se le da de alta al paciente. Los programas de rehabilitación pretender mejorar la adaptación a la nueva situación y generar la máxima autonomía posible, aunque se debe asumir que ninguna intervención restablecerá la situación previa al ictus.

El tratamiento siempre se realiza con el paciente y con sus familiares y está dirigido por un equipo multidisciplinar donde se realiza rehabilitación motora, cognitiva, emocional/conductual  y del lenguaje, atendiendo a las necesidades de cada caso en particular.

También se ha observado la importancia del ejercicio físico aeróbico practicado con una frecuencia diaria combinado con el entrenamiento en fuerza y resistencia. Los resultados indican una mejora de las funciones cognitivas en general y las funciones ejecutivas en particular. Esto es importante ya que un 64% de los pacientes muestran cierto deterioro cognitivo.

 

Referencias: Arias-Rivas, S., Vivancos-Mora, J. y Castillo, J. (2012). Epidemiología de los subtipos de ictus en pacientes hospitalizados atendidos por neurólogos: resultados del registro EPICE (I). Rev Neurol 2012, 54 (7), pp. 385-393; García- Soto, E., López de Munaín, L. y Santibáñez, M. (2013. Impacto del ejercicio físico tras el ictus: una revisión sistemática. Rev Neurol, 57 (12), 535-541; Ramos-Perdigués, S., Mané-Santacana, A. y Pintor-Pérez, L. (2015). Revisión sistemática de la prevalencia y factores asociados a la ira tras un ictus. Rev Neurol, 60 (11), pp. 481-489.