5 fórmulas para poner fin a una pelea familiar

4 mayo 2016
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Tú, como madre o padre, has puesto en marcha todas las técnicas preventivas para evitar una pelea familiar, pero nada ha funcionado y te ves en medio de una gran discusión con tu hijo o hija. Lo que necesitas ahora es la manera de salir airoso de la misma. Veamos 5 puntos importantes para lograr esta gran empresa.

 

  1. Intenta ver la situación desde el punto de vista de tu hijo

Lo que voy a comentar ahora es una reflexión que yo he hecho muchas veces para tratar de comprender a los más pequeños: ¿cómo deber ser vivir en un sitio con dos personas mucho más grandes que tú que todo el rato te dicen lo que tienes que hacer, lo que no debes hacer, lo que tienes que comer, que te dicen qué puedes ver en la televisión y que no o que te imponen una hora de baño concreta? Aunque la intención de estas personas “gigantes” sea buena, podemos decir que es un poco molesto. Por lo tanto, creo que un buen ejercicio es “ponerse en los zapatos” de los hijos. Intentar empatizar con lo que puede estar sintiendo en su pequeño mundo nos ayudará a tomar cierto margen y a manejar la situación difícil de una forma más eficaz. “Sé que te frustra tener que irte a dormir ahora, pero el fin de semana podremos quedarnos un poquito más”.

 

  1. Hable acerca de su experiencia

Para realizar esto lo primero que debemos hacer es identificar el sentimiento de nuestros hijos, ya sea disgusto, enfado, frustración… y hacérselo saber “Ya veo que estas muy enfadado”. Haciendo esto favoreceremos la inteligencia emocional y daremos validez  a lo que esté sintiendo en ese momento. Tras esto, busca la parte de razón en sus argumentos. Trata de recordar alguna situación semejante cuando tú tenías su edad, y como te sentías entonces. Comunícale que le entiendes que tú también has sentido eso alguna vez.Por último comparte con él un consejo o entre los dos buscad una solución a ese problema.

Seguir estos pasos funciona muy bien con los adolescentes, los cuales frecuentemente se sienten incomprendidos. Con esto mejoramos la relación,  les mostramos que no somos sus enemigos y les damos la oportunidad de practicar la búsqueda de soluciones.

 

  1. Favorezca un tiempo de reflexión

Cuando la rabieta se ha impuesto y cualquier tipo de comunicación asertiva no tiene ningún sentido porque nuestro hijo está excesivamente alterado, es momento de imponer un tiempo de reflexión. Esto ayudará a que la situación se enfríe y a tomar mayor perspectiva de la situación. Si el niño es mayor se le puede animar a que en ese tiempo de reflexión piense en posibles soluciones.

 

  1. Si tú has perdido los papeles, tómate un tiempo de reflexión

Cuando estamos tan nerviosos que la situación se nos está yendo de las manos, lo mejor es delegar y tomarnos un tiempo para reflexionar y relajarse. Esto te ayudará a recuperar la compostura y a analizar con mayor detalle qué es lo que ha pasado para que hayas perdido los estribos  “¿te sentiste impotente?¿te sentiste herido?”. También sería bueno pensar un posible plan “esperaré a que los dos nos hayamos calmado y luego pediré disculpas por haberme puesto así”.

 

  1. ¿Qué es más importante, el amor al poder o el poder del amor?

Muchas discusiones ocurren cuando los padres quieren controlar el comportamiento de su hijo más que enseñarle responsabilidad y valores. Si cada vez que tú hijo muestra desacuerdo, se desencadena una discusión, acabará concluyendo que tener pensamientos, ideas o sentimientos propios no está bien, por lo que tenderá a ser más bien sumiso, tanto hacia usted como hacia a sus iguales. Nuestro deber es guiar, no controlar.

 

 

Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.