Adolescencia e identidad

25 noviembre 2015
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Esta semana hablaremos de la adolescencia, con sus metas y sus duelos propios, entendiéndola como un paso necesario para un adecuado desarrollo psicológico.

Según Aberastur, el adolescente debe afrontar cuatro pérdidas:

  • Duelo por el rol y la identidad infantil: esto supone una renuncia a la dependencia de los padres, asumiendo mayores responsabilidades.
  • Duelo por los padres de la infancia: la figura idealizada de protección se desvanece a favor de una mayor autonomía.
  • Duelo por el cuerpo infantil: la imagen corporal que definía su imagen psicológica cambia en poco tiempo.
  • Duelo por la bisexualidad infantil pérdida.

La superación de estos duelos pasa por tres fases claras: protesta (rechazo a la idea de pérdida), desesperación (se admite la pérdida, pero con nostalgia y confusión) y desapego (adaptación y apego a nuevos objeto).

Las principales metas de la adolescencia son: adquirir un sistema firme de valores, adaptarse a los cambios corporales, establecer y confirmar la identidad y personalidad, independizarse y emanciparse y por supuesto, afrontar el desarrollo sexual y los impulsos psicosexuales.

Sin duda, es en la adolescencia cuando se forja la personalidad, se consolida la conciencia del yo y se afianzan el sistema de valores y la entidad sexual. Es una época de búsqueda, rebelión y mucha, mucha confusión frente a la destrucción de matices muy importantes en la estructura personal.

Un hecho que les permite elaborar sus propias teorías y reafirmar así su propia personalidad, son los cambios que experimentan a nivel cognitivo: mejor capacidad de razonamiento abstracto, objetivo, generalizado y racional, así como mayor capacidad de crítica y juicio propio. Este hecho suele estar por detrás de muchas discusiones, sobre todo frente a personas de autoridad, siempre que el adolescente perciba que intenta imponerle una idea.

Así también el adolescente se muestra tremendamente imaginativo, pudiendo crear una realidad propia cargada de ideales donde evadirse y encontrarse más cómodos.

En cuanto a la afectividad, ésta se vuelve más rica, más intensa, pero también menos equilibrada. Así como también muy sensible a los juicios externos, con una tendencia a posicionarse en los extremos.

El grupo se vuelve importantísimo, de hecho, se trata de una relación intensa, dependiente, de clara identificación, se convierte en el lugar donde sentirse seguro y estimado. Y esto es completamente necesario para lograr la futura individualización adulta.

La adolescencia, igual que el resto de etapas que conforman la vida implica una dificultad o crisis emocional, con dos posibles soluciones, favorable o desfavorable. Si no se define apropiadamente puede darse “difusión de la identidad”, tal como indica Erikson. En esta definición debe haber una crisis donde escoger entre varias alternativas y un compromiso, es decir, una implicación total con la decisión tomada.

Como podemos imaginarnos, a pesar de su negativa explicita, el adolescente necesita seguridad, comprensión y confianza en sus relaciones. Como adultos debemos señalarle sus virtudes y sus defectos, puesto que es así como aprenderá a aceptarse como es. Debemos animarle y felicitarle, tener en cuenta su opinión y aconsejarle cuando nos lo pida.

 

Referencias: Ruiz-Lázaro, P.J. (2013). Alcalá de Henares (Madrid): Centro de Salud Manuel Merino, Servicio Madrileño de Salud; Eddy L.S. (2014). La identidad del adolescente. Como se construye. Revista de formación continuada de la sociedad española d medicina de la adolescencia, 2.