Dos no pelean si uno no quiere

9 marzo 2016
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Somos personas adultas tranquilas, razonables y con un buen manejo de nuestras estas emociones hasta que…llegamos a casa, nos damos cuenta de toda la faena que queda por delante y encima a nuestro lado, un metro más abajo de lo que nuestra vista alcanza, aparece nuestro hijo, ese niño o niña incansable, incontrolable y con un todo de voz algo elevado… ¡Comienza la guerra! ¿O no?

Lo primero que debemos de asumir es que el desacuerdo es normal, e incluso bueno. Si nos encontramos frente a una persona con sus propios pensamientos, es fácil que se dé algún conflicto. Así que el problema en sí no es el conflicto, sino la manera en que lo gestionemos. Principalmente hay dos opciones: de una manera constructiva o de una forma destructiva.

Las soluciones destructivas dañan el autoestima y frenan el desarrollo personal. Por ende, son explosivas, ruidosas e incluso con tintes violentos. Sin embargo, las soluciones constructivas favorecen la evolución personal y permiten que se lleve al máximo el potencial de cada participante.

Las batallas entre hijos y padres pueden coger rápidamente tonalidades negativas, por lo que antes de pelear, pregúntese si realmente el tema vale la pena. Entre en discusión únicamente en aquellos temas que considere esenciales según su escala de valores. Si tras este análisis, se da cuenta de que el tema no es tan importante, déjelo estar, déjelo que correr…su hijo o hija no morirá si un día no cena.

Muchas de las discusiones diarias tienen su origen en un sentimiento de impotencia por parte de los padres. Si “buceamos” por este pensamiento veremos que se sustenta en la creencia de que los padres buenos son aquellos que siempre controlan a la perfección la conducta de sus hijos. Así cada vez que se da una situación difícil, los padres se incomodan y “declaran la guerra” abiertamente. Los niños continuamente están midiendo los límites, así que si se siente desafiado, no caiga en la trampa de pensar que usted es un fracasado como padre o madre.

Remitiendo al título de la entrada, “dos no pelean si uno no quiere”. Si en medio de un conflicto, uno de las personas decide mantenerse al margen y deja de molestar al otro, éste abandonará la guerra. Sin oponente no es posible pelearse. En vez de ir uno contra otro, unan fuerzas para buscar maneras de solucionar el desacuerdo.

A modo de resumen:

  • El desacuerdo es normal, e incluso positivo.
  • Además de la pelea, existen más alterativas para solucionar los conflictos.
  • El conflicto es una buena oportunidad para establecer una interacción positiva basada en la comprensión del otro.
  • Dos no pelean si uno no quiere.

 

Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.