¿Los niños son como adultos pero en pequeño?

4 noviembre 2015
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Obviamente, la respuesta es NO. En esta entrada hablaremos de las principales diferencias entre neuropsicología infantil y de adultos.

Cuando hablamos de neuropsicología infantil, tenemos que tener en mente que el concepto CAMBIO es fundamental. Esta ciencia parte de la neuropsicología del adulto, la cual parte de un cerebro ya consolidado, con un desarrollo normal, donde tras una lesión cerebral, se dan una serie de cambios a nivel cerebral que repercuten en el funcionamiento del individuo. Sin embargo, en los niños nos encontramos con un cerebro en pleno proceso de maduración, es decir, en un cambio constante.

Algunos principios de la neuropsicología del adulto se pueden aplicar también a la neuropsicología infantil  (pe. en las dos poblaciones se observan diferencias funcionales entre los dos hemisferios), pero hay muchos otros aspectos claramente diferenciales que se han de tener muy en cuenta.

En la evaluación neuropsicológica infantil debemos considerar que nos encontramos frente a un niño cuyo cerebro se encuentra en desarrollo, es decir, en un periodo de adquisición o aprendizaje de conocimientos y habilidades. Esto sugiere la importancia de atender a la edad del niño, su nivel de desarrollo y la influencia del entorno y de los antecedentes culturales.

Continuando con la valoración neuropsicológica, cuando ésta se realiza a un niño, no tiene el mismo valor predictivo que aquella realizada a un adulto. En un éstos últimos, los cambios cognitivos y de conducta se observan casi inmediatamente tras la lesión. Sin embargo, en niños podemos encontrarnos una gran disociación entre la edad de la lesión y la edad del síntoma. Una lesión con repercusión en el lenguaje no se manifestará hasta el  momento de expresión de dicho aspecto del lenguaje. Es decir, las secuelas de una lesión cerebral varían de acuerdo a la edad y no siempre se observarán inmediatamente después de haberla sufrido.

Así también, el perfil neurosicológico de un niño varía notablemente con el paso del tiempo, habiendo una correlación positiva entre edad y resultados. En los adultos, dicho perfil es más estable y no se  ve tan afectado por la edad, a excepción de mayores  de 65 años donde se vuelve a observar una correlación negativa.

Los procesos de recuperación y rehabilitación también difieren entre niños y adultos. El cerebro de un niño es mucho más plástico, por lo que la recuperación observada puede ser también significativamente mayor en ellos. Aunque también es cierto que los patrones de recuperación pueden variar.  En los adultos, el déficit asociado a una patología neurológica suele ser más circunscrito, sin embargo, los trastornos neurológicos adquiridos durante la infancia suelen provocar un déficit cognitivo mucho más global y generalizado.

En la población infantil también se deben considerar dos momentos clave ligados a la plasticidad cerebral: el primero es aquel que permite la recuperación de funciones ya adquiridas previamente y un segundo momento es el que permitirá la adquisición de nuevos aprendizajes. Se ha observado cómo los niños tienen una mejor recuperación de los niveles premórbidos frente a unas mayores limitaciones a la hora de llevar a cabo aprendizaje posteriores. Esto sugiere la importancia de tener en cuenta que el desarrollo de un niño va de niveles más básicos a niveles más complejos, por lo que una lesión en un niño puede afectar al desarrollo posterior del mismo.

Como podemos imaginar, es inapropiado interpretar las habilidades cognitivas del niño sólo en base al modelo adulto. En niños, los déficits son cambiantes y a medida que ese cerebro se va desarrollando pueden surgir rasgos nuevos, imperceptibles antes debido a que se encontraban el pleno proceso de desarrollo.

 

Referencias: Enseñat, A., Roig, T.  García, A. (2015). Neuropsicología pediátrica. Madrid: Síntesis; Rosseli, M., Matute,  E. y Ardila, A. (2010). Neuropsicología del desarrollo infantil. México: El Manual Moderno.