Monografía de la memoria: el proceso de memorización

18 julio 2015
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Ya hemos revisado el por qué es tan importante la memoria para nosotros, para nuestro sentido de identidad, y los diferentes tipos de memoria existentes, entendiéndolos como diferentes sistemas en continuo diálogo. En esta entrada explicaremos las fases por la que la información pasa para ser finalmente añadida a la memoria a largo plazo.

Independientemente del tipo , toda memoria pasa por una fases muy parecidas. Estas fases se enlazan la una con la otra, aunque su temporalidad depende de la tarea, la fuerza inicial, las circunstancias y los individuos.

  1. Codificación: Proceso de adquisición de la nueva información, la cual pasa a ser codificada y organizada sobre el material ya existente. Implica el agrupamiento de la información entrante de acuerdo a dos criterios: el nivel fonológico (más superficial) y el semántico (más profundo y ligado a los conocimientos). Cuando nos presentan a alguien, formamos una representación efímera de su nombre y su cara. Si debemos almacenar a largo plazo esta información, pasará por distintas fases que la estabilizarán en un proceso de consolidación.
  1. Consolidación: Una información se considera consolidada cuando posee la suficiente huella mnésica como para resistir el efecto de otros aprendizajes, pensamientos o acciones. Esta fase va más allá de la fijación de un recuerdo, es una potenciación del mismo. Es decir, la consolidación es un proceso activo donde se continua aprendiendo aunque se haya dejado ya de practicar.
  1. Recuperación: Esta fase es la del recuerdo propiamente dicho, en donde se produce una búsqueda de los recuerdos. Esta recuperación puede ser espontánea o facilitada por claves semánticas o fonológicas.

Las fases de codificación y consolidación son dependientes del hipocampo. Con el tiempo la memoria se integra en el entramado de la mente y deja de ser dependiente de esta región para distribuirse por la corteza cerebral unida a través de una red de asociaciones con otras memorias relacionadas.

Si falla alguna de estas tres fases, no se realiza el proceso de memorización. Nuestra memoria es vulnerable a muchos aspectos:

  • Atención: Prestarle la debida atención a aquello que pretendemos aprender es básico. Si estamos pensando en otra cosa, tenemos mil cosas en mente que hacen que no prestemos la suficiente atención a como se llama esa persona que nos acaban de presentar, la información no será procesada porque no habrá pasado el primer filtro necesario.
  • Motivación: Si aquello que debemos aprenden no nos interesa, su memorización será más difícil. He aquí el papel tan importante de la motivación y la emoción como cimientos sólidos y facilitadores de todo aprendizaje.
  • Medicamentos y consumo de tóxicos: Ciertos medicamentos o las drogas, incluso el alcohol, pueden interferir negativamente en el aprendizaje, tanto en la codificación como en la recuperación.
  • Estado de ánimo: Si nos encontramos pasando por un momento difícil, nuestras preocupaciones ocupan toda nuestra mente y nuestra atención, dificultando el proceso de memorización.
  • Descanso: Como ya hemos explicado en una entrada anterior, es durante el sueño cuando los recuerdos se consolidan en nuestra memoria.

Baddeley sugiere que los sistemas de la memoria funcionan como una biblioteca y como tal, el éxito de la misma consiste no sólo en guardar correctamente los libros sino en encontrarlos cuando son solicitados.

Teniendo en mente esta analogía, veamos por qué a veces es difícil recuperar cierta información. Esto puede deberse a varios motivos: porque ha pasado mucho tiempo desde que lo aprendí y no lo he repasado, no he refrescado la información y la huella se ha ido borrando, como una pisada en la arena de la playa. Y por último porque cuando guardé la información, lo hice de una manera un poco desordenada, por lo que a la hora de recuperar esta información me resulta más complicado encontrarla “¿En qué estantería lo habré dejado?”. Las reglas mnemotécnicas pueden ayudarnos a guardar la información de una manera que luego sea más fácil de recuperar.

 

Referencias: Walker, M.P. (2007). Dormir para recordar. Mente y cerebro, 25, pp.52-61; Romero, E. Vazquez, G. (2002). Actualización en neuropsicología clínica. GeKa: Buenos Aires;