Monografía de la memoria: Errores y causas frecuentes II

29 julio 2015
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Teniendo en mente la entrada anterior, pongamos un ejemplo de los fallos de memoria y causas más frecuentes.

Seguramente te habrá pasado que después de conocer a una persona te olvidas de su nombre o que de repente te encuentras con alguien por la calle y sabes quién es esa persona pero no hay manera de recordar su nombre, “tengo el nombre de esa persona en la punta de la lengua”.

Nuestro cerebro está más preparado para recordar sin problema el rostro de una persona, y no tanto para recordar su nombre. Veamos algunas causas que pueden estar influyendo negativamente:

  • Centrarse en uno mismo: Puede ocurrir que cuando nos presentan a alguien, estemos más centrados en lo que vamos a decir que en la otra persona. Nuestro cerebro no puede ofrecer información de nosotros mismos y a la vez almacenar nueva información, esto se debe a nuestra limitada capacidad de memoria a corto plazo.
  • Falta de interés: A veces puede ocurrir por una simple falta de interés. Si no hay interés, el cerebro no hará nuevas conexiones. Por lo tanto, las personas que disfrutan conociendo gente nueva, se encuentran más preparados para recordar nombres nuevos.

A continuación, os presentamos algunos consejos que nos pueden ayudar a recordar el nombre de una nueva persona:

  • Concentración: Centrémonos no tanto en nuestra actuación sino en la persona que nos están presentando. Pongamos todo nuestro cerebro a disposición de la persona que acabamos de conocer.
  • Repite su nombre con frecuencia: De esta manera, ponemos “en marcha” nuestra memoria contribuyendo en la retención de la nueva información.
  • Crea asociaciones: Puesto que los nombres son arbitrarios, es decir, no tienen ninguna relación con la persona en sí, crea asociaciones en tu cabeza. Es cuestión de crear una asociación con una persona que ya conoces o bien una conexión visual que te ayude a recordar su nombre ¡Imaginación al poder!. Es por esto que nos resulta más fácil recordar los motes asociados a alguna característica de la persona.
  • Busca otros caminos: Si no te sale el nombre de una persona, relájate e intenta recordar otra información de esa persona para que facilite el acceso a la información del nombre.

Hasta aquí estamos hablando de “falta de memoria”, pero ¿qué pasa si hay un exceso de la misma? A principio del siglo XX se estudió el caso de un señor que presentaba hipermnesia (exceso de memoria). Lo recordaba todo,  nombres, datos, fechas… Pero tenía una gran confusión con tanta información, tanto que se acabó convirtiendo en un gran problema. ¿Imagina recordar cada uno de los detalles de su vida, todo, lo importante y lo más irrelevante! Jorge Luis Borges, escribió un libro con esta temática “Funes, el memorioso”.

Aún así, debemos preocuparnos por nuestros fallos de memoria cuando:

  • Las personas que nos rodean están preocupados por nuestro fallos de memoria y nosotros sin embargo no mostremos preocupación.
  • No recordemos lo que hicimos el día anterior, ni siquiera cuando alguien nos lo mencione.
  • Encontremos dificultades en encontrar las palabras y no nos demos cuenta en el momento ni al ser corregidos.
  • La pérdida de olfato también puede ser un signo de ciertos problemas de memoria.

Se podría resumir en una sola frase: Deberíamos preocuparnos por nuestros fallos de memoria cuando éstos interfieran en  el funcionamiento normal de nuestro día a día. Es en este momento cuando debemos solicitar una visita con un especialista, quién nos guiará y aconsejará.

Referencias: Jurado, M. A., Mataró, M. y Pueyo, R. (2013). Neuropsicología de las enfermedades neurodegenerativas. Madrid: Editorial Síntesis; Maroto, M.A. La memoria: programa de estimulación y mantenimiento cognitivo. Comunidad de Madrid: Instituto de sanidad pública; Montoro, I. y Izal, M. (1999). Intervención psicológica en la vejez: aplicaciones en el ámbito clínico y de la salud. Madrid: síntesis.