Monografía de la memoria: las emociones como potenciadores de la memoria

15 julio 2015
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Seguro que recuerda perfectamente el día en que nació su hijo o hija. Y cuando digo “recuerda” me refiero al más mínimo detalle, el lugar, el tacto y el olor de su piel, las emociones, las personas presentes, los sonidos, etc. Los recuerdos como estos están fuertemente fijados en nuestra memoria porque definen una parte importante de nuestra identidad. Que estos recuerdos se fijen de una manera tan fuerte se deben principalmente a la intensa emoción positiva asociada a los mismos.

Como ya hemos explicado en entradas anteriores, la memoria realiza un proceso de selección de la información, de manera que registra aquello que es relevante en nuestra trayectoria personal. Pero ¿cómo potencia o atenúa  la emoción los procesos de memorización?

Los recuerdos con carga emocional (especialmente los acontecimientos positivos) están formados por más detalles sensoriales (visuales, auditivos u olfativos) y se encuentran más asociados a un contexto (tiempo y lugar). El acontecimiento positivo tiene este poder como cimiento para los recuerdos cuando éstos se refieren a uno mismo. Es decir, si nos acordamos de una emoción positiva asociada a otra persona, los detalles no serán tan numerosos como si aquello positivo nos hubiera pasado a nosotros.

Como ya sabemos, las personas diferimos las unas con las otras en cuanto a cómo vivimos nuestras emociones. Hay personas que les cuesta más expresar sus sentimientos o muestran mayor control sobre sus emociones. Son estas personas las que demuestran que sus recuerdos y expectativas de futuro tienen menos detalles sensoriales y contextuales.

¿Cuál es la etapa del proceso de memorización más influida por la memorización? Si echamos la vista atrás recordaremos tres fases: codificación, consolidación y recuperación. Parece ser que es en la consolidación de los recuerdos donde la emoción tiene un papel importante. De hecho, cuanto más tiempo pasa desde que hemos codificado la información, más permanentes se muestran las imágenes emocionales en comparación con el rápido desvanecimiento de las imágenes neutras emocionalmente. Por lo tanto, los recuerdos asociados a emociones positivas resisten mejor el paso del tiempo siendo su conservación mucho mejor que los recuerdos neutros.

Al igual que memorizamos mejor aquellos sucesos positivos, también recordamos mejor a las personas sonrientes frente a aquellas que muestran una expresión emocional neutra o negativa. Esto se debe a que la sonrisa social es una señal de aprobación hacia nuestra persona, es decir, nos genera una emoción positiva.

Así también, una emoción excesiva (con carácter más negativo) puede interferir en nuestra memoria. Pensemos en esos actores que no recuerdan el texto bajo la presión del escenario o a aquellos estudiantes que se quedan “en blanco” al hablar en público. Es decir, las emociones negativas también tienen un gran poder ya que pueden bloquearnos.

Así también se recuerda mejor el acontecimiento  cuando uno se encuentra en un estado emocional similar al que se sintió cuando se adquirió la información.

 

Referencias: Van der Linder, M. y D´arguembeau, A. (2010).Las emociones, cemento del recuerdo. Mente y cerebro, 43, pp. 62-65; Aguado, L. (2002). Procesos cognitivos y sistemas cerebrales de la emoción. Revista de Neurología, 34, pp. 1161-1170.