Niños de 8 años y adolescentes

20 abril 2016
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En esta entrada abordaremos dos temas importantes y frecuentes: cuando nuestros hijos tienen alrededor de 8 años y todo, todo, debe ser discutido y cuando son adolescentes con su marcada tenacidad. Lo primero de todo, contextualicemos cada edad y luego busquemos posibles soluciones a estos conflictos.

8 años – la discusión interminable

La vida con un niño de 8 años puede ser un reto constante para los padres que no saben que es totalmente normal que un niño de esa edad lo discuta todo. Esto es así, porque a esa edad se está desarrollando su habilidad de razonar. Por eso es lógico que no estén de acuerdo con los límites que se imponen ni con el hecho de que seas tú (padre/madre) quien los imponga. En ocasiones incluso pueden ser muy convincentes en su argumentación, por lo que debemos estar dispuestos a ceder un poco.

  • Expresa que el desacuerdo es normal: es importante que los hijos se sientan cómodos al expresar sus ideas y discutirlo abiertamente con los padres. Sin embargo, también deben saber que no siempre las discusiones tienen que acabar en riña. Ayuda a tu hijo a ver la diferencia. Es bueno e incluso sano, saber defender tu propio punto de vista, de una manera asertiva.
  • Escucha siempre lo que tenga que decir: escuchar de forma activa es muy importante a cualquier edad.
  • Busca y reconoce la parte de verdad en su discurso: seguro que hay un punto de acuerdo, o de verdad, en lo que tu hijo te está diciendo, así que cuando lo encuentres reconóceselo abiertamente y sobre todo si es referido a la validación de sus sentimientos.
  • Expón tu punto de vista: sé claro con tu hijo al definir el problema y las posibles soluciones. Es decir, expón tus argumentos y recuérdale que te preocupas por él.
  • Alégrate: la primaria es una época fascinante en la vida de un niño, relájate y comparte con él ese disfrute.

 

Adolescentes tenaces

Tanto si se trata de un corte de pelo “demasiado moderno”, de una ropa muy extravagante o de salir sin permiso por las noches, debemos ser conscientes de que todos estos actos no son fruto de la rebeldía, sino de algo más propio de la edad, la necesidad de identificarse como algo ajeno a sus padres.

Si la dinámica de la relación es sana, este intento de separación es totalmente normal y necesario como parte del desarrollo de su hijo. Hay que aceptar la separación y reducir al mínimo posible los conflictos que de ello se derivan.

  • No te tomes su conducta como algo personal: en plena discusión puede surgir un “te odio” pero no te lo tomes como algo personal, probablemente será otra manifestación de su necesidad de independencia.
  • Escucha positivamente: escucha y valida lo que tenga que decirte, estate atento a sus sentimientos y hazle saber que le entiendes.
  • Recuérdale que tú como padre debes imponer ciertos límites razonables: recuérdale que al ser padres se asumen ciertas responsabilidades con el fin de que él se desarrolle adecuadamente. Expón las razones y las consecuencias que se deben tomar.
  • Comparte tus vivencias pasadas: evita los sermones y trata de compartir tu faceta humana, todos hemos sido adolescentes. Háblale de cómo te sentías tú con su edad, de los problemas que tenías y de las soluciones que aplicabas. Hazle ver que comprendes perfectamente la presión social que hay en la adolescencia. No tengas miedo a contarle tus fallos o malas decisiones.
  • Hazle saber que es bueno tener secretos: el no querer compartir todos los pensamientos con los padres forma parte del proceso de diferenciación que implica la transición de la adolescencia a la edad adulta. En este periodo los grupos de iguales ganan mayor protagonismo que los padres, y es normal.
  • Intenta ser un buen modelo: usted siempre será un modelo acerca de cómo tratar a los demás y de cómo solucionar desacuerdos

Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.