Sentimientos infantiles

25 mayo 2016
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Una idea importante a tener en cuenta es la tendencia que tenemos como adultos a negar los sentimientos de los más pequeños con frases tipo “No te enfades que no es para tanto; eso lo dices porque estás cansado”. La negación de sus sentimientos les puede confundir y probablemente enfurecer todavía más. Además de “enseñarle” que no sabe lo que siente y que por lo tanto, no debe fiarse de sus sentimientos. No somos conscientes de la relación fortísima existente entre lo que siente un niño y cómo se comporta. Si se siente bien, se comportará bien. Si no se siente bien,…

Pueden existir muchas pautas para mejorar estas actuaciones parentales, pero todas ellas se resumen en mostrar EMPATÍA. Es decir, hacer un esfuerzo por ponernos en la piel de nuestros hijos y aceptar que son personas independientes a nosotros, que pueden sentir o pensar diferente, sin que esto suponga error. Por lo tanto, si queremos ayudarles a afrontar sus sentimientos, debemos lo primero de todo, escuchar con atención. Parece obvio, pero ¿realmente lo hacemos siempre? Por otro lado, ayudar a dar nombre a lo que siente en ese momento. Esto, en vez de la negación, supone un gran alivio, porque significa que alguien está reconociendo tu vivencia. No consiste en hacer una ronda de preguntar y dar consejos, sino más bien mostrar una actitud propicia de escucha con palabras que confirmen que estamos presando toda nuestra atención “ya veo ya, vaya”. Con esta actitud le ayudamos a  que explore sus propias ideas y sensaciones y a que se aproxime por si solo a una solución.

¿No dar consejos ni hacer demasiadas preguntas? Esto puede resultar realmente difícil, pero si logramos resistir esa tentación lograremos que nuestro hijo vaya por si solo definiendo la situación y pensando en posibles soluciones.

Puntos a tener en cuenta:

  • El hecho de que todos los sentimientos deban aceptarse no significa que algunas acciones no deba ser limitadas.
  • No se trata de darle siempre la razón, sino de mostrarle que sé es consciente de lo que está experimentando.
  • Cuidado con el “ya sé lo que te pasa”, quizás es mejor ser explícito y concreto en lo que creemos que le pasa.
  • La manera de reaccionar frente a un “te odio” es comunicarlo que no nos gusta esa manera de hablar, y que si hay algo que le disguste, lo diga con otras palabras para buscar una solución entre los dos.
  • Si en todo este aprendizaje y cambio de actitud, nos equivocamos y somos conscientes de nuestro error, no pasa nada. Acércate a tu hijo y corrige aquello en lo que crees que te has confundido. El error nos hace humanos.

Últimos consejos:

  • A los niños suele cabrearles que se repitan sus mismas palabras. Intenta expresar lo mismo que él diga pero con otras palabras.
  • Hay jóvenes que no les apetece nada hablar cuando están enfadados. Sólo la presencia de los padres puede ser un gran consuelo.
  • Algunos niños se enfadan todavía más con expresan una intensa emoción y a respuesta de los padres es correcta pero fría.
  • Puede resultar perjudicial que los padres respondan con más pasión de la que siente su hijo.

 

Bibliografía consultada: Faber, A.  y Mazlish, E. (2010).Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. Barcelona: Ediciones Medici