Te presento a mi compañero El Estrés

30 septiembre 2015
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La psiconeuroinmunología es la disciplina que estudia las relaciones anatómicas y funcionales que existen entre el sistema nervioso, inmunológico  y endocrino. Desde su aparición en 1970, estudia la influencia de conductas emocionales sobre el funcionamiento del sistema inmunológico y especialmente, el efecto inmunosupresor de la exposición al organismo al estrés. Más recientemente, se estudian también los efectos de estados emocionales no inversivos sobre el funcionamiento del sistema inmune y el proceso salud-enfermedad.

La palabra estrés fue utilizada por primera vez en 1926 por Walter Cannon. Un término que hoy en día todos conocemos al estar sometidos a periodos de gran presión psicológica.

  • Respuesta emocional: ansiedad, irritación, ira, preocupación, tristeza, pánico y estados de desesperanza, los cuales son de naturaleza transitoria. El elemento fundamental de la respuesta emocional del estrés es de naturaleza cognitiva debido al hecho de que el estímulo externo debe ser percibido como estresante. ¿Y cuándo será considerado estresante? Según Lazarus y Folkman, esto depende de una evaluación cognitiva primaria acerca de la posible amenaza y una secundaria, donde se evalúan los propios recursos para afrontar este estilo. Dicha evaluación también depende de la auto-eficacia percibida (experiencia previa y apoyo social), tal y como sugiere Bandura.
  • Respuesta fisiológica: cascada de liberación de hormonas neuroendocrinas (adrenalina, cortisol, glucocorticoides…) que llevan al organismo al mejor estado de alerta (mayor frecuencia cardiaca, tensión muscular…).
  • Respuesta comportamental: básicamente, huida o afrontamiento del estresor.

El estrés es una realidad igual de cotidiana como desagradable. En principio la respuesta fisiológica al estrés permite adaptarnos a las condiciones cambiantes del ambiente y emitir la respuesta conductual apropiada, quedarse y hacer frente o escapar. Pero ¿qué ocurre cuando esta respuesta se alarga en el tiempo?

El estrés crónico es considerado un estado  de tensión prolongado debido a factores externos o internos. Cursa con toda una constelación de síntomas psicofisiológicos como dolores lumbares, asma, fatigas, arritmias cardiacas, dolores de cabeza, síndrome del colon irritable, úlceras y la misma supresión o disminución de la respuesta del sistema inmunológico. Así también, puede elevar la presión arterial aumentando el riesgo de ataque cardiaco o de un accidente vascular cerebral.
También puede aumentar la vulnerabilidad a la ansiedad y la depresión, generar problemas de memoria e infertilidad y acelerar el proceso del envejecimiento.  Por otro lado, el estrés crónico induce al consumo excesivo de calorías generando altos niveles de cortisol, glucosa e insulina, lo cual promueve la obesidad, diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares.  Vamos… ¡una maravilla!

Tanto en humanos como en animales, la exposición prolongada a niveles elevados de estrés supone la supresión del funcionamiento del sistema inmune, aumentando la probabilidad de contraer infecciones e incluso retrasando el cicatrizado de heridas. Así también puede afectar a los patrones de sueño y nutrición empeorando claramente la salud.

La relación entre mente y cuerpo es evidente. El estrés percibido activa el sistema nervioso, el cual influye sobre el sistema inmune a través de hormonas y neurotransmisores. Veámoslo detalladamente:

Situaciónàinterpretación por parte del cerebro como una “situación estresante”àhipotálamo (estructura cerebral encargada de coordinar conductas de supervivencia) envía señales a la glándula pituitariaàEnvío de hormona adenocorticotropa a las glándulas suprarrenalesà liberación de cortisol y adrenalina en sangreàconducta de huida, alerta, etc.

Si vemos que la presión psicológica puede estar afectando a nuestra salud física, os aconsejo las siguientes pautas:

  • Practicar relajación, meditación o yoga.
  • Hacer ejercicio aeróbico de forma habitual.
  • Aprender técnicas para el mejor manejo del tiempo (organiza, prioriza, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy).
  • Formar un fuerte sistema de apoyo social a través de la familia, amigos, aficiones…
  • Fíjarse objetivos apropiados y realistas.
  • Las mascotas también pueden ayudar a desarrollar un fuerte sistema inmunológico.
  • Fomentar el pensamiento positivo.

Referencias: Gómex, B. y Escobar A. (2006). Estrés y sistema inmune. Rev Mex Neuroci, 7 (1), pp-30-38; S. Moscoso, M. (2009) De la mente a la célula: impacto del estrés en psiconeuroinmunoendocrinologia. liber.[online].15 (2) pp. 143-152