• Esto va por vosotros y por vosotras

    27 junio 2016
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    Esta entrada no habla de pautas de parentalidad, consejos para lograr un buen comportamiento en los más “peques”,… no… esta entrada va por vosotros y por vosotras. Por los niños que he conocido y las estupendas mamás que he descubierto gracias a mi trabajo. A veces los roles cambian,  y la “profe” se convierte en aprendiz.

    No daré nombres, porque ellas y ellos ya saben a quién me refiero. No me es posible nombrar a todos, así que hablaré acerca de lo que me han aportado alguno de ellos.

    Me gustaría dar las gracias a ese niño que cada día te sorprende con su imaginación y que sin darte cuenta, te arrastra a ese mundo mágico, quitándote 20 años de encima “de un plumazo”. Y qué decir de ese otro niño que te alegra el día con su simpatía infinita. A esos dos “peques” que comparten techo y te recuerdan que tener un hermano es lo mejor y que ayudándole a él, te estás ayudando a ti mismo. Por último, reconocer a esa niña que me ha demostrado que con esfuerzo y constancia, todo se puede lograr.

    ¿Y qué me decís de las mamás y papás de esos niños? A veces, no se reconoce su esfuerzo y éste es inmensurable.

    Me ha encantado conocer a esa madre que lucha cada día para que los “profes” de su hijo le ayuden a sacar lo mejor de él, y que no se queden sólo con sus dificultades. Esa madre coraje que se esfuerza por entender mejor a sus hijos, sin darse cuenta que ella es lo mejor que les ha pasado. Todo un ejemplo de amor y comprensión. Esa mamá que confía en su hijo y que a pesar de sus dificultades, cree en sus potencialidades y que se prepara para una nueva bienvenida que seguro, seguro, será una persona tan genial como su hermanito, porque ella será su mamá. Esa madre que sabe trasmitir valores y principios, que convierten a su hija en una excelente persona.

    Por último, agradecer a esa mujer que me ha enseñado qué significa la “superación” y que con su cariño logra que las personas de su alrededor sean mejores personas. Continúa así, has logrado mucho, pero te queda mucho por vivir.

    ¡Qué duras son las despedidas! Y es que al final, por mucho que te digan en la carrera que no establezcas lazos emocionales con los pacientes, es imposible. Cada uno de ellos te aporta tanto que no se puede evitar llévartelos en el corazón.

    ¡Mamás! Quiero ser como vosotras “de mayor”. Me habéis enseñado mucho.

    ¡Niños! Estoy convencida que os convertiréis en grandes hombres y mujeres, por ahora sólo os pido que seáis niños.

    Con una emoción encontrada, os digo “gracias, muchas gracias”.

     

    La vida es maravillosa

     

    Judith, 27 de Junio del 2016

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  • Cómo evitar el encasillamiento

    22 junio 2016
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    “Es un tozudo”, “eres un desordenado”, “Eres una maleducada”… Todos decimos frases de este tipo a los más pequeños sabiendo, o quizás desconociendo, los peligros de la “profecía autocumplida”. Si llamamos a un niño mal estudiante, podría empezar a descuidar sus estudios. Si llamamos a una niña traviesa, será más probable que quiera mostrarte con que travesuras puede sorprenderte. Etiquetar a los más pequeños, debería evitarse en todo momento, aunque se comience a hacer de una manera muy inocente. Ya que poco a poco, el niño a quien se ha atribuido la etiqueta acabara actuando en consecuencia. Visto esto, ¿cómo podemos evitar el encasillamiento?

    1. Busque oportunidades para mostrarle una nueva imagen de sí mismo

    En vez de “eres un quejica”, busque esas ocasiones en las que su comportamiento van justo en la otra dirección y hágaselo saber “me gusta cómo te has explicado, has sabido decir lo que quería expresándote claramente y sin recriminaciones”.

     

    1. Ponle en situaciones en las que pueda verse de otra manera

    En vez de “eres un irresponsable”, expóngale a situaciones en las que se pueda redefinir “Manuel, esta tarde tengo cosas que hacer y no estaré en casa. Dejo a tu cargo sacar a pasear a Bobby”.

     

    1. Intente que le oiga cuando diga algo favorable sobre él a otra persona

    En vez de decir que “es una llorona”, aproveche para hablar de su cambio de comportamiento con cualquier persona, por ejemplo por teléfono “tendrías que haber visto cómo tu hija se ha dejado poner la vacuna, ha extendido el brazo y ha dejado al médico hacer su trabajo y mira que esa vacuna era dolorosa…”.

     

    1. Ejemplifique el comportamiento deseado

    En vez de “mal perdedor”, demuéstrele con su comportamiento la conducta y actitud deseada “¡Vaya, pensaba que te iba a ganar! Perder no es nada divertido, hubiera preferido mil veces ganar, pero bueno, hay que tener espíritu deportivo ¡enhorabuena!”.

     

    1. Reviva sus momentos más inesperados

    Frente a un “niño torpe”, recuérdele aquellos momentos que confirman lo anterior, “hoy he sido incapaz de trepar por la cuerda” “Vaya. Recuerdo aquel día, cuando tenías 7 años, y me olvidé la llave dentro de casa y tú trepaste por el muro hasta la ventana de la cocina y pudiste abrirme la puerta.”

     

    1. Cuando el niño actúe según la vieja etiqueta, exprese sus sentimientos y/o expectativas

    En vez de hacerle saber que “es una glotona”, podemos hacerle saber cómo nos sentimos y como esperamos que se comporte “Las galletas eran para compartir con toda la familia, espero que la próxima vez sepas decir “no” al gusanillo del hambre”.

     

    Bibliografía consultada: Faber, A.  y Mazlish, E. (2010).Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. Barcelona: Ediciones.

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  • ELOGIO Y AUTOESTIMA

    15 junio 2016
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    Parece obvio, pero es más probable que un niño confíe en sus capacidades si ha sido criado en una familia donde se han apreciado sus cualidades, ya que adquirirá un mejor concepto de sí mismo, tendrá mayores aptitudes para afrontar los desafíos que le pondrá la vida y se fijará objetivos más ambiciosos.

    ¿Qué podemos hacer entonces para fortalecer la autoestima de nuestros hijos? Entre muchas tácticas destacan el respeto por sus sentimientos, darle la oportunidad de escoger o solucionar sus problemas. Otra manera importante, y la cual abordaremos en esta entrada es elogiarles.

    Sin embargo, debemos tener en cuenta que el elogio, en ciertas ocasiones, puede ser un tanto traicionero: el elogio puede despertar sospechas, provocar negación, puede resultar amenazador, puede confrontarnos con nuestras debilidades o puede vivirse como una manipulación siempre y cuando sea forzado, exagerado o no justificado.

    Para solventar estas reacciones debemos:

    • En vez de evaluar , describe lo que ves

    En vez de “Has ordenado tu habitación  ¡eres una chica estupenda!”, describe lo que ves “Veo que has trabajado mucho. Has colocado todo bien en la estantería. Has guardado cada zapato en su caja y no hay ningún juguete por el suelo”.

    • En vez de evaluar , describe lo que sientes

    En vez de “Has ordenado tu habitación  ¡eres una chica estupenda!”, describe lo que sientes “Da gusto entrar en esta habitación.”

    • En vez de evaluar, sintetiza la conducta positiva del niño con una o dos palabras

    En vez de “Madre mía eres genial, tu cuarto está impecable”, sintetiza el mensajes en pocas palabras “Has colocado todo bien en la estantería. Has guardado cada zapato en su caja y no hay ningún juguete por el suelo. Eso es lo que llamo organización”.

    Algunas sugerencias acerca del elogio:

    • Es más automático criticar que elogiar un buen comportamiento, por lo que tendremos que hacer un esfuerzo por cambiar este patrón de comportamiento nuestro.
    • Procura dar alabanzas que sean apropiadas para la edad y el grado de aptitud del niño.
    • Evita aquel elogio que hace referencia a antiguos fracasos ocurridos en el pasado.
    • Un exceso de entusiasmo en el elogio puede provocar el efecto contrario y mermar el deseo de tu hijo de seguir mejorando.
    • Prepárate para unas cuantas repeticiones de la actividad cuando describa apreciativamente lo que el niño hace. El elogio llama a la repetición y a grandes despliegues de esfuerzo. Es una técnica sumamente poderosa, así que se debe usar de una manera selectiva y bien pensada.

    “No hay juicio de valores más importante para el hombre, ni un factor más decisivo en su desarrollo psicológico y motivación, que el examen que hace de sí mismo…La naturaleza de su autoevaluación  produce profundos efectos en el proceso mental del ser humano, las emociones, los deseos, los valores y las metas. Es la clave más significativa de su comportamiento.” Nathaniel Branden

     

    Bibliografía consultada: Faber, A.  y Mazlish, E. (2010).Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. Barcelona: Ediciones

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  • Más alternativas al castigo

    8 junio 2016
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    Realizamos esta entrada dada la importancia de difundir maneras alternativas al castigo en pro de conseguir mejorar el comportamiento de los más pequeños. En entradas anteriores podéis encontrar otras formas que junto a las que hoy os presentamos suponen un gran recurso al que acudir. Empecemos…

    Si nos preguntamos ¿por qué castigamos? Podemos encontrar respuestas del tipo: los niños siempre intentan salirse con la suya, a veces me siento sumamente impotente, es la única manera de que aprendan que lo que ha hecho está mal, el castigo es lo único que entienden… Los niños deben experimentar las consecuencias de su conducta, pero no necesariamente en forma de castigo. Lo ideal sería anticiparnos a aquellas situaciones que pueden generar un mal comportamiento, pero como esto no es siempre posible, os presentamos algunas alternativas al castigo.

    1. Indíquele cuál es el buen comportamiento

    En vez de “cuando lleguemos a casa te vas a enterar”, decir “me sería de gran ayuda que fueras a buscar las galleas y la leche mientras yo estoy en la pescadería”.

    1. Exprese una censura rotunda pero sin atacar el carácter del niño

    En vez de “te comportas como un animal, esta noche sin televisión”, decir “no me gusta nada esta situación, es muy molesto para los demás clientes que los niños correteen por los pasillos del supermercado”.

    1. Dele opciones

    En vez de “si te vuelvo a ver correr, te ganarás un bofetón”, decir “tienes dos opciones: caminar tranquilamente o sentarte en el carrito, tú eliges”.

    1. Tome medidas

    En vez de “ya está, te lo has ganado”,  decir “veo que finalmente has decidido sentarte en el carrito en vez de caminar tranquilamente”.

    1. Permita al niño que experimente las consecuencias de su comportamiento

    Una mamá se prepara para ir a comprar el supermercado, cuando su hijo le pregunta si puede acompañarle, a lo que ella responde “Hoy no, el otro día estuviste corriendo por la tienda”. Frente a la súplica de su hijo para que le dé una segunda oportunidad, la madre responde “tendrás miles de oportunidades, pero hoy iré yo sola”.

    1. Exprese sus sentimientos y expectativas

    “Me enfada mucho ver que dejas la sierra nueva tirada en el jardín, oxidándose bajo la lluvia. Cuando presto mis herramientas espero que me las devuelvan en buenas condiciones”.

    1. Enséñele a rectificar

    “Lo que necesita ahora esta sierra es un buen estropajo de acero y una capa de aceite cuando la hayas terminado”.

    1. Resuelvan conjuntamente el problema

    Los pasos para resolver conjuntamente un problema son los siguientes:

    1. Hablen de los sentimientos y las necesidades del niño
    2. Hablen de sus sentimientos y necesidades como padres
    3. Busquen entre los dos una solución mutuamente aceptable
    4. Escriban todas las ideas surgidas sin evaluarlas
    5. Decidan qué sugerencias les gustan, cuáles son deseables y cuales se tomarán a partir de ahora.

     

    Bibliografía consultada: Faber, A.  y Mazlish, E. (2010).Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. Barcelona: Ediciones

     

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  • Cómo favorecer la colaboración

    1 junio 2016
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    En esta entrada abordaremos una de las batallas diarias: cómo hacer para que nuestros hijos se comporten de un modo aceptable para nosotros y para la sociedad en la que viven. Esta tarea requiere grandes dosis de energía por parte de los padres y un sobresfuerzo por parte de los niños.

    Echemos un ojo rápido a los métodos usados frecuentemente por los adultos para que los niños colaboren:

    • Amenazas: “Vuelve a hacer eso, y…”
    • Reproches y acusaciones: “Ha vuelto a pasar lo mismo… Cuántas veces tendré que decírtelo”
    • Insultos: “Mira que llegas a hacer idioteces”
    • Advertencias: “Cuidado, que te quemas”
    • Órdenes: “Quiero que hagas … ya mismo”
    • Sermones moralizantes: “¿Te parece bonito lo que has hecho? Yo intento enseñarte buenos modales…”
    • Sarcasmos: “Sabías que tienes examen mañana y te has dejado el libro, ¡Qué demostración de inteligencia!”
    • Victimismo: “Me estás llevado a la locura”
    • Comparaciones: “¿Por qué no te parecerás más a tu hermano?”
    • Profecías: “Si te muestras tan egoísta, te quedarás sin amigos”

    Intente pensar cómo reaccionaría usted a estos mensajes, probablemente, su hijo lo haría de una manera similar. ¿Hay alguna otra manera de propiciar la colaboración de nuestros hijos sin menoscabar su autoestima? A continuación, os presentaremos 5 métodos muy eficaces. Quizás todos no funcionan con su hijo ni en todas las ocasiones, sin embargo, todas ellas crean un clima de respeto que facilitará la cooperación.

    • Describa lo que ve o describa el problema

    En vez de “¿Pero es que no ves cómo se está poniendo la cama al dejar la toalla encima?” describa “Hay una toalla mojada encima de la cama”.

    Cuando alguien saca a relucir nuestros defectos, no apetece colaborar, sin embargo, es más fácil buscar una solución cuando se limitan a describirnos el problema. Además, cuando los padres hacen esto, dan a entender a sus hijos que es lo que hay que hacer.

    • Dé información

    En vez de “Recoge esa toalla ahora mismo” dé información “La toalla está mojando las sábanas”.

    La información es mucho más fácil de aceptar que la acusación, las órdenes o cualquier método antes nombrado. Cuando se les da información precisa, los niños suelen saber de un modo automático cómo ha de actuar

    • Exprese claramente

    En vez de “Si te vuelves a dejar la toalla mojada encima de la cama, te quedarás sin tele dos días” exprésese claramente “La toalla”.

    Los niños detestan los largos sermones o discursos. Para ellos cuanto más breve sea el recordatorio mejor. En ese caso, menos es más.

    • Haga explícitos sus propios sentimientos

    En vez de “¿cuántas veces tendré que decirte que cuelgues la toalla húmeda en su sitio?” exprese lo que siente “No me gusta dormir en una cama con las sábanas mojadas”.

    Sabiendo cómo se siente la otra persona, lo que prefiere o lo que le disgusta, es mucho más sencillo colaborar, al contario de cuando nos atacan directamente.

    • Escriba una nota

    En vez de “Eres un descuidado” escriba una nota “Llévame al toallero para que me seque. Atentamente, tu toalla”.

    El mensaje es mucho más directo si está escrito, además es divertido, lo que favorece sin duda la colaboración.

     

    Bibliografía consultada: Faber, A.  y Mazlish, E. (2010).Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. Barcelona: Ediciones

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  • Sentimientos infantiles

    25 mayo 2016
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    Una idea importante a tener en cuenta es la tendencia que tenemos como adultos a negar los sentimientos de los más pequeños con frases tipo “No te enfades que no es para tanto; eso lo dices porque estás cansado”. La negación de sus sentimientos les puede confundir y probablemente enfurecer todavía más. Además de “enseñarle” que no sabe lo que siente y que por lo tanto, no debe fiarse de sus sentimientos. No somos conscientes de la relación fortísima existente entre lo que siente un niño y cómo se comporta. Si se siente bien, se comportará bien. Si no se siente bien,…

    Pueden existir muchas pautas para mejorar estas actuaciones parentales, pero todas ellas se resumen en mostrar EMPATÍA. Es decir, hacer un esfuerzo por ponernos en la piel de nuestros hijos y aceptar que son personas independientes a nosotros, que pueden sentir o pensar diferente, sin que esto suponga error. Por lo tanto, si queremos ayudarles a afrontar sus sentimientos, debemos lo primero de todo, escuchar con atención. Parece obvio, pero ¿realmente lo hacemos siempre? Por otro lado, ayudar a dar nombre a lo que siente en ese momento. Esto, en vez de la negación, supone un gran alivio, porque significa que alguien está reconociendo tu vivencia. No consiste en hacer una ronda de preguntar y dar consejos, sino más bien mostrar una actitud propicia de escucha con palabras que confirmen que estamos presando toda nuestra atención “ya veo ya, vaya”. Con esta actitud le ayudamos a  que explore sus propias ideas y sensaciones y a que se aproxime por si solo a una solución.

    ¿No dar consejos ni hacer demasiadas preguntas? Esto puede resultar realmente difícil, pero si logramos resistir esa tentación lograremos que nuestro hijo vaya por si solo definiendo la situación y pensando en posibles soluciones.

    Puntos a tener en cuenta:

    • El hecho de que todos los sentimientos deban aceptarse no significa que algunas acciones no deba ser limitadas.
    • No se trata de darle siempre la razón, sino de mostrarle que sé es consciente de lo que está experimentando.
    • Cuidado con el “ya sé lo que te pasa”, quizás es mejor ser explícito y concreto en lo que creemos que le pasa.
    • La manera de reaccionar frente a un “te odio” es comunicarlo que no nos gusta esa manera de hablar, y que si hay algo que le disguste, lo diga con otras palabras para buscar una solución entre los dos.
    • Si en todo este aprendizaje y cambio de actitud, nos equivocamos y somos conscientes de nuestro error, no pasa nada. Acércate a tu hijo y corrige aquello en lo que crees que te has confundido. El error nos hace humanos.

    Últimos consejos:

    • A los niños suele cabrearles que se repitan sus mismas palabras. Intenta expresar lo mismo que él diga pero con otras palabras.
    • Hay jóvenes que no les apetece nada hablar cuando están enfadados. Sólo la presencia de los padres puede ser un gran consuelo.
    • Algunos niños se enfadan todavía más con expresan una intensa emoción y a respuesta de los padres es correcta pero fría.
    • Puede resultar perjudicial que los padres respondan con más pasión de la que siente su hijo.

     

    Bibliografía consultada: Faber, A.  y Mazlish, E. (2010).Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. Barcelona: Ediciones Medici

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  • 10 maneras de aumentar la autoestima de nuestros hijos

    18 mayo 2016
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    Un niño que muestra una adecuada autoestima se comportará mejor que aquel que presente una baja autoestima. Si un niño se porta mal estará desanimado y tendrá una mala valoración de sí mismo. Por lo que todo esfuerzo realizado para mejorar su autoestima será importantísimo tanto de cara a la imagen que tiene el niño de sí mismo, como para la mejora de su comportamiento.

    1. Realice una lista de los rasgos positivos de su hijo

    Una vez hayamos recordado y escrito todas aquellas cualidades que nos gustan de nuestros hijos, debemos colocar la lista en un sitio visible que nos recuerde lo genial que es nuestro pequeño.

    1. Trasmita pensamientos positivos hacia su hijo

    Ofrécele un mensaje positivo ya sea verbal o mediante el lenguaje corporal. Tratando con niños también podemos escribirles notas adhesivas que colocaremos entre sus cosas. Estos mensajes positivos pueden manifestarse con una sonrisa, un golpecito en la espalda, una caricia, o directamente con un mensaje que exprese que su comportamiento nos agrada.

    1. Dedíquele un tiempo especial

    El tiempo especial consiste en dedicarle  15-20 minutos de atención exclusivo, entre 3 y 5 veces a la semana. Durante este rato no le dé lecciones, no le haga preguntas, simplemente hable de las cosas que él quiera hablar. Así también permita que sea el niño el que escoja que actividad desea realizar.

    1. Tenga cuidado cuando hable de él

    Los niños van definiéndose según lo que escucha de los adultos de referencia, por lo tanto, preste atención a lo que dice a otros cuando su hijo pueda escucharlo, esto puede tener un gran impacto.

    1. Reconozca su esfuerzo, interés y concentración

    Reconozca su esfuerzo, es más probable que logre lo que se plantea si hay esfuerzo por medio y si éste es reconocido. Valore y anime frente a cualquier interés especial que muestre su hijo, esto incrementará su entusiasmo por la vida en general y le ayudará cuando esté más decaído. Por último, felicítele por su capacidad de concentración frente a los deberes, una tarea…

    1. Anímele a identificar y expresar sus sentimientos

    Un niño con una elevada autoestima está en contacto con sus emociones, se fía de lo que siente y actúa según ello, ya que sabe que es sano expresarlos. Es por esto que es importante, ayudarle a identificar sus sentimientos, no intente cambiarlos, y ayúdele a expresarlos, aunque le resulten incómodos a usted.

    1. Utilice un tono de voz positivo

    El tono de voz o la expresión de nuestra cara pueden mandar un mensaje a nuestro hijo mucho más rápido que el propio mensaje verbal. Procure siempre usar un tono de voz que demuestre la alegría que siente al ver a tu hijo.

    1. Enséñele a convertir una queja en una petición

    Normalmente los niños que se quejan muy a menudo, suelen ser muy críticos consigo mismos. Por eso, enseñarle a como transformar una queja en una petición le ayudara a reducir su autocritica interior.

    1. Anímele a mantener relaciones saludables

    Para que un niño se sienta bien consigo mismo, como padres debemos preocuparnos de sus necesidades sociales (que desarrollen amistades, que aprenda a relacionarse con los demás…). Por eso debemos crearle oportunidades de relacionarse con otros niños: deportes, extraescolares, colonias…

    1. Anímele a realizar descubrimientos por su cuenta

    Una de las mejores sensaciones es ver que has logrado algo tú solo, sin ayuda. Debemos darles la oportunidad de conseguir un logro por sí mismos. Esto le preparará para afrontarse a sus problemas, confiando en sus capacidades. Así también le estamos preparando para el fracaso, el cual es una gran herramienta de aprendizaje.

     

     

    Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

     

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  • 5 puntos clave para que su hijo gane independencia y responsabilidad

    11 mayo 2016
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    Cada una de las actuaciones de los padres tiene como objetivo que nuestro hijo se convierta en una persona con independencia, capaz de asumir las responsabilidades de sus actos. Veamos 5 elementos necesarios para alcanzar esta empresa.

    1. Escuche a su hijo de una manera activa

    Si nuestra intención es resolver un problema con nuestro hijo, lo primero que tenemos que hacer es dejarle que explique sus sentimientos y hacerle saber que se le está escuchando, que se tienen en cuenta sus opiniones, preferencias y emociones. Aguante los gritos, las quejas, muéstrese empático y ayúdele a liberar emociones. Esto también le ayudará a comprenderle mejor.

     

    1. Déjele claro que se preocupa por él

    De vez en cuando, los niños necesitan que se les recuerde que usted es el padre, que está allí para preocuparse por su salud y para proporcionarle bienestar y seguridad. El niño debe saber que usted ha adquirido un compromiso como padre y que debe hacerle responsable de sus actos, como objetivo de su educación.

     

    1. Admita frente a él que usted es incapaz de resolver un problema sin su ayuda

    Antes de los 5 años, los niños necesitan ayuda para desarrollar unos límites, pero a partir de esa edad, necesitan empezar a participar en este proceso.  Es por esto que hacerles partícipes de la solución es un buen recurso ya que les hacemos sentir importantes y aumentamos su motivación al implicarles en la toma de decisiones.

     

    1. Anime a su hijo a resolver el problema

    Muy relacionado con lo anterior, frente a un problema sería bueno pedirle al niño que confeccionase una lista de posibles soluciones para ese problema en concreto. Puede que no se le ocurra nada, pero dele tiempo. Frente a este brain storming, la actitud adecuada es aceptar de entrada cualquier solución, ya que será después cuando se analicen cuales son las mejores teniendo en cuenta los intereses de cada una de las partes, las ventajas e inconvenientes.

    1. Deje que su hijo afronte las consecuencias de sus actos

    El dejar que su hijo afronte las consecuencias de lo que ha hecho, o de lo que no ha hecho, es una gran experiencia de aprendizaje. Debemos dejar que asuman las consecuencias de sus actos, siempre que éstas no supongan un riesgo, ya que probablemente serán tan molestas que harán que el niño reflexione acerca de su conducta. Si su conducta tiene efectos negativos sobre usted, debe imponerle una consecuencia, ya que para él, de entrada, no será un problema.

     

     

    Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

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  • 5 fórmulas para poner fin a una pelea familiar

    4 mayo 2016
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    Tú, como madre o padre, has puesto en marcha todas las técnicas preventivas para evitar una pelea familiar, pero nada ha funcionado y te ves en medio de una gran discusión con tu hijo o hija. Lo que necesitas ahora es la manera de salir airoso de la misma. Veamos 5 puntos importantes para lograr esta gran empresa.

     

    1. Intenta ver la situación desde el punto de vista de tu hijo

    Lo que voy a comentar ahora es una reflexión que yo he hecho muchas veces para tratar de comprender a los más pequeños: ¿cómo deber ser vivir en un sitio con dos personas mucho más grandes que tú que todo el rato te dicen lo que tienes que hacer, lo que no debes hacer, lo que tienes que comer, que te dicen qué puedes ver en la televisión y que no o que te imponen una hora de baño concreta? Aunque la intención de estas personas “gigantes” sea buena, podemos decir que es un poco molesto. Por lo tanto, creo que un buen ejercicio es “ponerse en los zapatos” de los hijos. Intentar empatizar con lo que puede estar sintiendo en su pequeño mundo nos ayudará a tomar cierto margen y a manejar la situación difícil de una forma más eficaz. “Sé que te frustra tener que irte a dormir ahora, pero el fin de semana podremos quedarnos un poquito más”.

     

    1. Hable acerca de su experiencia

    Para realizar esto lo primero que debemos hacer es identificar el sentimiento de nuestros hijos, ya sea disgusto, enfado, frustración… y hacérselo saber “Ya veo que estas muy enfadado”. Haciendo esto favoreceremos la inteligencia emocional y daremos validez  a lo que esté sintiendo en ese momento. Tras esto, busca la parte de razón en sus argumentos. Trata de recordar alguna situación semejante cuando tú tenías su edad, y como te sentías entonces. Comunícale que le entiendes que tú también has sentido eso alguna vez.Por último comparte con él un consejo o entre los dos buscad una solución a ese problema.

    Seguir estos pasos funciona muy bien con los adolescentes, los cuales frecuentemente se sienten incomprendidos. Con esto mejoramos la relación,  les mostramos que no somos sus enemigos y les damos la oportunidad de practicar la búsqueda de soluciones.

     

    1. Favorezca un tiempo de reflexión

    Cuando la rabieta se ha impuesto y cualquier tipo de comunicación asertiva no tiene ningún sentido porque nuestro hijo está excesivamente alterado, es momento de imponer un tiempo de reflexión. Esto ayudará a que la situación se enfríe y a tomar mayor perspectiva de la situación. Si el niño es mayor se le puede animar a que en ese tiempo de reflexión piense en posibles soluciones.

     

    1. Si tú has perdido los papeles, tómate un tiempo de reflexión

    Cuando estamos tan nerviosos que la situación se nos está yendo de las manos, lo mejor es delegar y tomarnos un tiempo para reflexionar y relajarse. Esto te ayudará a recuperar la compostura y a analizar con mayor detalle qué es lo que ha pasado para que hayas perdido los estribos  “¿te sentiste impotente?¿te sentiste herido?”. También sería bueno pensar un posible plan “esperaré a que los dos nos hayamos calmado y luego pediré disculpas por haberme puesto así”.

     

    1. ¿Qué es más importante, el amor al poder o el poder del amor?

    Muchas discusiones ocurren cuando los padres quieren controlar el comportamiento de su hijo más que enseñarle responsabilidad y valores. Si cada vez que tú hijo muestra desacuerdo, se desencadena una discusión, acabará concluyendo que tener pensamientos, ideas o sentimientos propios no está bien, por lo que tenderá a ser más bien sumiso, tanto hacia usted como hacia a sus iguales. Nuestro deber es guiar, no controlar.

     

     

    Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

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  • 5 maneras de evitar las peleas familiares

    27 abril 2016
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    En esta entrada trataremos 5 pautas que nos pueden ayudar a evitar, o reducir lo máximo posible, las tan frecuentes peleas en casa con niños de por medio.

    1. En muchas ocasiones, la mala conducta es una llamada de atención

    A veces, cuando los niños están en medio de una rabieta o una pataleta, pueden decir frases hirientes, tipo “te odio; si me quisieras de verdad, me dejarías….”. Puede resultar difícil de identificar dichas frases como señales de necesidad de amor. Un niño malhumorado, en medio de una pataleta, necesita cariño y amor en ese momento, por lo que es preferible no tomarse estas palabras como un ataque personal. Esta necesidad puede cubrirse con la colaboración en la búsqueda de un problema o con la implantación de unos límites que guíen su conducta. Con este comportamiento le haremos entender que no aprobamos su conducta, aunque le seguimos queriendo.

     

    1. Recuérdale que ambos estáis en el mismo equipo

    La próxima vez que su hijo monte una rabieta a causa de cualquier injusticia que haya percibido de ti, en lugar de entrar en un enfrentamiento, ponerse a la defensiva o enfadarse aún más todavía, haz lo siguiente: rodéale con tu brazo y dile “ya sé que no estás de acuerdo conmigo, pero recuerda tú y yo estamos en el mismo equipo”.

     

    1. Asume que ni tu hijo ni tu sois perfectos

    A veces pensamos que nuestros hijos saben perfectamente cómo y cuándo sacarnos de  nuestras casillas. Sin embargo, los niños no vienen con un manual donde explica “como fastidiar a mis papás”. A veces hemos tenido un día horrible, lleno de contratiempos y a la mínima explotamos. Si somos conscientes de los momentos en los que estamos más sensibles, conocemos nuestras debilidades y desarrollamos expectativas realistas hacia nuestro hijo y hacia nosotros mismos, seremos más capaces de evitar peleas innecesarias y explosiones de ira.

     

    1. Los conflictos deben afrontarse, no evitarse

    Un conflicto, implica un desacuerdo y eso es normal, saludable e inevitable. Cada miembro de una familia tiene ideas, opiniones y referencias distintas… no hay nada malo en ello. El problema surge cuando creemos que nuestras ideas y opiniones son las correctas y los demás, evidentemente se equivocan. Esto generará un continuo desafío e irritación. Los niños deben saber que es desacuerdo es positivo. Deben aprender a expresar sus opiniones y sentimientos, esto es clave en su desarrollo. Los problemas que no se solucionan cuando surgen y se van ocultando, se van acumulando, debilitando poco a poco la relación y dando unos modelos de afrontamiento inadecuados.

     

    1. Preocúpate de tu persona

    Una de las mejores maneras de evitar una pelea es que los padres cuiden de sí mismos. Si estamos bien anímicamente, nos será más fácil afrontar una situación difícil. Si por el contrario, estamos cansados, de mal humor o con los nervios a flor de piel, es mucho más fácil que el más pequeño incidente desencadene una fuerte pelea.

     

     

    Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

     

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