• Niños de 8 años y adolescentes

    20 abril 2016
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    En esta entrada abordaremos dos temas importantes y frecuentes: cuando nuestros hijos tienen alrededor de 8 años y todo, todo, debe ser discutido y cuando son adolescentes con su marcada tenacidad. Lo primero de todo, contextualicemos cada edad y luego busquemos posibles soluciones a estos conflictos.

    8 años – la discusión interminable

    La vida con un niño de 8 años puede ser un reto constante para los padres que no saben que es totalmente normal que un niño de esa edad lo discuta todo. Esto es así, porque a esa edad se está desarrollando su habilidad de razonar. Por eso es lógico que no estén de acuerdo con los límites que se imponen ni con el hecho de que seas tú (padre/madre) quien los imponga. En ocasiones incluso pueden ser muy convincentes en su argumentación, por lo que debemos estar dispuestos a ceder un poco.

    • Expresa que el desacuerdo es normal: es importante que los hijos se sientan cómodos al expresar sus ideas y discutirlo abiertamente con los padres. Sin embargo, también deben saber que no siempre las discusiones tienen que acabar en riña. Ayuda a tu hijo a ver la diferencia. Es bueno e incluso sano, saber defender tu propio punto de vista, de una manera asertiva.
    • Escucha siempre lo que tenga que decir: escuchar de forma activa es muy importante a cualquier edad.
    • Busca y reconoce la parte de verdad en su discurso: seguro que hay un punto de acuerdo, o de verdad, en lo que tu hijo te está diciendo, así que cuando lo encuentres reconóceselo abiertamente y sobre todo si es referido a la validación de sus sentimientos.
    • Expón tu punto de vista: sé claro con tu hijo al definir el problema y las posibles soluciones. Es decir, expón tus argumentos y recuérdale que te preocupas por él.
    • Alégrate: la primaria es una época fascinante en la vida de un niño, relájate y comparte con él ese disfrute.

     

    Adolescentes tenaces

    Tanto si se trata de un corte de pelo “demasiado moderno”, de una ropa muy extravagante o de salir sin permiso por las noches, debemos ser conscientes de que todos estos actos no son fruto de la rebeldía, sino de algo más propio de la edad, la necesidad de identificarse como algo ajeno a sus padres.

    Si la dinámica de la relación es sana, este intento de separación es totalmente normal y necesario como parte del desarrollo de su hijo. Hay que aceptar la separación y reducir al mínimo posible los conflictos que de ello se derivan.

    • No te tomes su conducta como algo personal: en plena discusión puede surgir un “te odio” pero no te lo tomes como algo personal, probablemente será otra manifestación de su necesidad de independencia.
    • Escucha positivamente: escucha y valida lo que tenga que decirte, estate atento a sus sentimientos y hazle saber que le entiendes.
    • Recuérdale que tú como padre debes imponer ciertos límites razonables: recuérdale que al ser padres se asumen ciertas responsabilidades con el fin de que él se desarrolle adecuadamente. Expón las razones y las consecuencias que se deben tomar.
    • Comparte tus vivencias pasadas: evita los sermones y trata de compartir tu faceta humana, todos hemos sido adolescentes. Háblale de cómo te sentías tú con su edad, de los problemas que tenías y de las soluciones que aplicabas. Hazle ver que comprendes perfectamente la presión social que hay en la adolescencia. No tengas miedo a contarle tus fallos o malas decisiones.
    • Hazle saber que es bueno tener secretos: el no querer compartir todos los pensamientos con los padres forma parte del proceso de diferenciación que implica la transición de la adolescencia a la edad adulta. En este periodo los grupos de iguales ganan mayor protagonismo que los padres, y es normal.
    • Intenta ser un buen modelo: usted siempre será un modelo acerca de cómo tratar a los demás y de cómo solucionar desacuerdos

    Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

     

     

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  • Problemas comunes, soluciones nuevas III

    13 abril 2016
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    Esta va a ser la última entrada dedicada a problemas frecuentes entre hijos y adolescentes.

    No hacer los deberes: Este tema es sin duda un gran generador de conflictos entre padres e hijos.

    • Si el niño miente: “no hay deberes…ya los he hecho…”, no le sometas a un interrogatorio, es preferible preguntarle directamente “¿qué te ocurre con los deberes? ¿cómo lo vas a solucionar?”, explícale lo que esperas de él en cuanto a las mentiras y las consecuencias que tiene, una falta de confianza.
    • Por tu parte, demuestra interés en los que estudia su hijo.
    • Si no hace los deberes, retírale algún privilegio que tenga y ofrezca premios frente a cualquier pequeña mejora o cumplimiento de la conducta.
    • Con el objetivo de que ganen mayor autonomía, se le debe animar a planificar sus deberes y hacerlos solos. Se les puede ayudar, pero poco a poco hay que ir retirando a ayuda proporcionada.

     

    La pelea por irse a la cama: Otros de los momentos difíciles en cualquier casa con “pequeñas personitas”;

    • Ignora la protestas, las pérdidas de tiempo intencionadas…todo son tácticas para retrasar el momento de irse a la cama.
    • Deja bien claras tus expectativas “quiero que te vayas a la cama a las 21h, sin excusas ni protestas”.
    • Ofrece contrapartidas si realiza lo que se le pide, “cuando estés preparado para irte a la cama, podrás ver la tele hasta las 21h”. Si se entretiene, verá reducido su tiempo de ver la tele.
    • Intenta crear una rutina: lavarse los dientes, ponerse el pijama, preparar la mochila, escoger un cuento y leerlo…
    • Permite que el niño colabore en la elaboración de la norma y las consecuencias que se impondrán si no se lleva a cabo.
    • Si el problema es que se levanta continuamente de la cama, permite una sola salida después de apagar la luz.

     

    ¿Habitación o leonera? A veces resulta difícil determinarlo…ropa por el suelo, zapatos desparejados, juguetes amontonados… ¿os resulta familiar?

    • Deja claras tus expectativas “espero que el sábado por la mañana tengas tu cuarto recogido”.
    • Que sepa que no se podrá dedicar a nada hasta que recoja su cuarto y pasé la revisión pertinente.
    • Ofrezca premios frente a la conducta deseada.
    • Hazle partícipe en la elaboración de las recompensas y consecuencias que tendrá según su comportamiento.
    • Define conjuntamente qué es una habitación limpia: la cama hecha, el suelo libre de objetos o ropa, la ropa guardada en el armario…

    Esperamos que estas entradas os hayan servido, por lo menos para pensar en soluciones alternativas a problemas muy frecuentes. Os emplazamos a leer las entradas venideras donde seguiremos abordando temas relacionados con la educación de los “peques”.

     

    Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

     

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  • Problemas comunes, soluciones nuevas II

    6 abril 2016
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    Problemas comunes, soluciones nuevas II

    Continuando con la entrada anterior, vamos a tratar, con pautas novedosas, problemas muy comunes en todas las casas con niños y adolescentes. Os animamos a leer la entrada previa para refrescar y tener en mente las principales 5 claves del éxito: No respondas a las quejas y protestas, Conviértete en un disco rayado, Ofrécele incentivos, “De todos modos” y Anticípate.

    • Lloriqueo: Una gran técnica usada por los más pequeños para conseguir lo que desean, mantenida por todas las veces que los padres han cedido frente a esta llanto.
      • Ignore el llanto: Si ve que con este comportamiento no consigue lo que desea, no será reforzado y tenderá a desaparecer.
      • No acceda a la petición que acompaña al lloriqueo: Es importante que el niño vea que no conseguirá lo que quiere mientras continúe el llanto.
      • Dígale que vuelva a pedirlo más tarde pero en un tono más normal.
      • Ofrezca un premio cuando cese ese comportamiento “cuando hables en un tono normal, podremos ocuparnos de ese tema”.
    • Interrumpir conversaciones: Esto es muy común sobre todo cuando el padre o madre se encuentra hablando por teléfono o en medio de una conversación. Por un lado, los padres deben respetarse a sí mismos, y por otro, el niño debe aprender a tener respeto y esperar a ser atendido.
      • Hable tranquilamente con él de su necesidad de disponer un tiempo especial como adulto. Aclare conceptos como el respeto y deje claro lo que se espera de él y las consecuencias que habrá tanto si se cumple o no lo pactado.
      • No acceda a la petición formulada.
      • Si el problema continúa, pare la conversación e impóngale un tiempo de reflexión inmediatamente.
      • Anticipase a la conversación, prepare unos juegos para que su hijo esté entretenido mientras habla por teléfono.
    • Vestimenta poco adecuada: No es inhabitual en casa con adolescentes discusiones sobre la ropa escogida por los jóvenes, ya bien sea por no ser adecuada para su edad o por ser demasiado extravagante. También es frecuente que los adolescentes defiendan su vestimenta aludiendo a que todos los demás chicos van así y se van a quedar sin amigos. Es importante recordar que los padres estamos para enseñar y para guiar pero también es verdad que la línea que separa el control del cariño es muy muy fina. Por lo que el primer consejo, es tener muy claro qué es lo que se quiere expresar.
      • Sea claro que es lo que se espera de él/ella: “”Me gustaría que te vistieras de una manera más adecuada así que vete a cambiar”.
      • Ignore las discusiones que se puedan originar.
      • Insista en sus expectativas: “Entiendo que estés enfadado conmigo, pero de todos modos vas a tener que cambiarte para ir a la escuela”.
      • Es importante entender que en la adolescencia la vestimenta es una forma más de expresión y búsqueda de su propia identidad. Es por esto que como adultos debemos preguntarnos si su ropa es realmente inadecuada o más bien, no es de nuestro gusto.

     

    Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

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  • Problemas comunes, soluciones nuevas I

    30 marzo 2016
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    En las próximas entradas, abordaremos algunos problemas comunes entre padres e hijos y buscaremos nuevas soluciones para tratarlos, más allá de los castigos y el control autoritario.

    Para empezar, me gustaría tratar 5 claves que nos acercarán más al éxito y nos alejarán del típico “¡Lo vas a hacer porque yo lo digo!”.

    1. No respondas a las quejas y protestas: Cuando quieres que tu hijo haga una cosa y él prefiere hacer otra cosa, tienes que estar preparado para la protesta y resistencia. Esta es una forma de distracción para evitar cumplir los límites que tú has decidido poner. Puedes tomar varias formas: reproches, excusas o quejas… lo mejor que podemos hacer es ignorarlas.
    1. Conviértete en un disco rayado: repite las órdenes y lo que esperas de él tantas veces sea necesario para que comprenda que es lo que se le está pidiendo (independientemente de quejas, berrinches o protestas).
    1. Ofrécele incentivos: En vez de amenazar con castigos y reprimendas, ofrécele premios e incentivos positivos cumplida la conducta deseada.
    1. “De todos modos”…: Después de haber tenido en cuenta el punto de vista de tu hijo, reafirma el límite establecido usando las palabras “de todos modos”. “Ya sé que tienes muchas ganas de ir en bicicleta, de todos modos, primero tendrás que recoger tu cuarto”.
    1. Anticípate: Si existe un problema frecuente y repetitivo con tu hijo, puede ser de buena ayuda hacerle partícipe de la solución. Aprovecha un momento tranquilo y siéntate a hablar con él con el fin de encontrar una resolución que satisfaga a los dos. Si logramos que se sienta escuchado y participe de la solución es más probable que la aplique.

     

    Comencemos a tratar algunas situaciones de conflicto comunes entre padres e hijos:

    • Peleas entre hermanos:
      • No te dejes lleva por el drama y deja bien claro que es lo que esperas de ellos “quiero que aprendáis a resolver vuestros problemas sin pegaros”.
      • Mándalos cada uno a su habitación para que puedan relajarse y ofrece un incentivo “cuando estéis preparados para resolver este problema sin pegaros, podréis salir de vuestra habitación”.
      • Permite que tus hijos confeccionen las reglas básicas en caso de peleas “no pegarse ni insultase”, así como las consecuencias que se aplicarán en caso de su no cumplimiento.
    • Contestar:
      • No responda al enfado de su hijo con más enfado. Recuérdale que te preocupas por él, pero que ese comportamiento es inadecuado.
      • Identifica y ponle nombre a los sentimientos de tu hijo.
      • Insiste en lo que se espera de él “puedes decir que estás enfadado sin necesidad de insultar”.
      • Imponle un tiempo de reflexión para que se pueda tranquilizar tanto él como tú. Este tiempo permitirá conseguir el control de la propia conducta.
      • Cuando todo se haya calmado, podemos sentarnos con el hijo y buscar entre los dos unas normas básicas para solucionar las malas contestaciones.

     

    Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

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  • Pautas para reducir comportamientos indeseados

    23 marzo 2016
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    A pesar de aplicar las pautas mencionadas en la entrada anterior, y sin dudar de sus capacidades para fomentar en los más pequeños buenas conductas, en ocasiones se darán comportamientos inadecuados e incluso inaceptables que exigirán tomar medidas diferentes.

    Con esta necesidad en mente, pretendemos comentar una serie de pautas básicas y generales para reducir los comportamientos indeseados en niños.

    • Siempre que pueda, ignore. Ignore toda conducta, que sin ser destructiva o auto-lesiva, pretenda llamar su atención. Los pucheros o las rabietas son ejemplos de comportamientos infantiles frecuentes, que pueden ser ignorados perfectamente sin que eso genere mayores problemas. Cuando decimos “ignore” significa una “no respuesta a esa conducta”. Si un niño escucha una palabra mal sonante en clase y al decirla en casa, recibe una respuesta clara de enfado por parte de sus padres, es probable que esa palabra sea usada con mayor frecuencia. Pero sí en cambio, se ignora, lo más probable es que no la use más por ser totalmente ineficaz. Las rabietas también pretenden llamar su atención, si se ignoran acompañadas de un tiempo de reflexión, veremos como su frecuencia se reduce.

     

    • Si ha de expresar enfado, hágalo, pero de manera breve. A esto añádale un tiempo muerto para observar si sus palabras surten efecto. Cuando estamos enfadados, es fácil socorrer a un “No” o “ya está bien”, y esto es correcto pero siempre deje claro y con pocas palabras el motivo de su enfado. Como decíamos, tras la correspondiente “explosión”, incluya una pausa. Este STOP le servirá a usted para recuperar la compostura y el silencio tendrá un mayor impacto en favor de su credibilidad. Por supuesto la pausa dará a su hijo el tiempo necesario para que reflexione acerca de sus palabras. Tras ésta, aplique las consecuencias que tome oportunas.

     

    • Imponga un tiempo de reflexión. Cuando su hijo se comporte de una manera grosera, desobedezca o no cumpla las normas, exíjale un tiempo de reflexión. Este tiempo será necesario para que su hijo recupere el control perdido. Por regla general, imponga un minuto por año de edad del pequeño (más no es necesario porque pasado ese tiempo su atención disminuirá notablemente). Si pasado el tiempo fijado, su hijo continua con una conducta poco cooperadora, habrá que volver a repetir el procedimiento. Busque un sitio poco motivador que incite a la reflexión de la conducta cometida.

     

     

    • Otra medida a tomar será la retirada de privilegios. En la entrada anterior hablábamos del poder de los privilegios para fomentar conductas positivas, pues bien, el privilegio ganado en sí puede ser moneda de cambio frente a un comportamiento indeseado.

     

    • Deje que su hijo experimente las consecuencias naturales de su conducta. Dejar que el menor afronte las consecuencias naturales asociadas a su comportamiento es una buena manera de conseguir que comprenda su relevancia. Si no hace los deberes, deberá afrontar las consecuencias al día siguiente en clase.

     

    Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

     

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  • Algunas pautas para fomentar el buen comportamiento

    16 marzo 2016
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    Teniendo en mente la entrada anterior, en las próximas dos, hablaremos acerca del comportamiento de nuestros hijos. Este tema es de interés en aquellos hogares en los que la pelea es la dinámica de relación más frecuente. ¿Qué podemos hacer para fomentar el comportamiento adecuado? ¿Y qué podemos hacer para reducir aquellos comportamientos no deseables? Hoy abordaremos la primera pregunta, para la segunda habrá que esperar a la semana que viene.

    Sin duda, la mejor manera de reducir las discusiones, es evitarlas desde el primer momento, pero ¿cómo? Fomentando las conductas positivas y disuadiendo de forma contundente todo comportamiento inadmisible.

    Tenemos que tener estas dos premisas en mente: Si queremos ser tratados con respeto, trate a sus hijos con respeto y si quiere ver buenos comportamientos en su hijo/a, búsquelos y le aseguro que los encontrara.

    A veces subestimamos el poder de la atención. En la mayoría de las veces estamos más atentos a los comportamientos inadecuados en vez de aquellos momentos en los que su conducta es la correcta. Gastamos nuestra energía echándoles la bronca cuando no recogen sus juguetes, pero no les felicitamos cuando los han recogido por iniciativa propia. Cuando veamos que está realizando una conducta que nos interesa que se instaure, felicítele de manera clara y directa, por otro lado, utilice las conversaciones con los demás para comentar los buenos comportamientos de sus hijos. El inicio de esto es sorprenderles siendo buenos.

    Cada vez que observe una mejora, reconózcasela, hable del tema sin tapujos. Aunque la mejora sea pequeña, seguro que tras ella se encuentra un gran esfuerzo merecedor de reconocimiento. Esto es clave como motivador para continuar con esa conducta deseable.

    Utilice también incentivos, recompensas que fomenten la conducta deseable. Cuando sean pequeños, menores de 10 años, utilice tablas donde se pueda ver claramente la relación entre la conducta deseable y la consecución del premio pactado. Con los niños más mayores, se pueden ofrecer privilegios frente al buen comportamiento: levantarse más tarde, pedir pizza para cenar, etc. Es importante que el premio a la conducta positiva motive e incentive al niño, esto es fundamental para que esta maravillosa técnica obtenga buenos resultados.

    Las órdenes no nos gustan a nadie, preferimos escoger, así que apliquemos esto con nuestros niños. Siempre que sea posible, plantee una elección a su hijo en vez de dar una orden. En vez de “cállate”, podemos decirle “puedes quedarte aquí y jugar tranquilo o puedes salir al jardín y hacer todos el ruido que quieras”. El solo hecho de elegir ya cambia la actitud frente a la demanda, siendo más posible que se escoja la elección deseada.

    Use la distracción para aquellas situaciones que pueden generar conflicto. Si queremos que se ponga el pijama, podemos en vez de preguntar directamente por si quiere o no ponerse el pijama, pregúntarle si quiere escuchar un cuento mágico y sorprendente. Probablemente responderá que sí y mientras tanto, sin darse cuenta, se habrá desnudado y puesto el pijama (todo esto, sin ninguna pelea y pasando un buen rato en familia).

    La semana próxima, trataremos algunas pautas para reducir aquellas conductas inaceptables.

    Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

     

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  • Dos no pelean si uno no quiere

    9 marzo 2016
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    Somos personas adultas tranquilas, razonables y con un buen manejo de nuestras estas emociones hasta que…llegamos a casa, nos damos cuenta de toda la faena que queda por delante y encima a nuestro lado, un metro más abajo de lo que nuestra vista alcanza, aparece nuestro hijo, ese niño o niña incansable, incontrolable y con un todo de voz algo elevado… ¡Comienza la guerra! ¿O no?

    Lo primero que debemos de asumir es que el desacuerdo es normal, e incluso bueno. Si nos encontramos frente a una persona con sus propios pensamientos, es fácil que se dé algún conflicto. Así que el problema en sí no es el conflicto, sino la manera en que lo gestionemos. Principalmente hay dos opciones: de una manera constructiva o de una forma destructiva.

    Las soluciones destructivas dañan el autoestima y frenan el desarrollo personal. Por ende, son explosivas, ruidosas e incluso con tintes violentos. Sin embargo, las soluciones constructivas favorecen la evolución personal y permiten que se lleve al máximo el potencial de cada participante.

    Las batallas entre hijos y padres pueden coger rápidamente tonalidades negativas, por lo que antes de pelear, pregúntese si realmente el tema vale la pena. Entre en discusión únicamente en aquellos temas que considere esenciales según su escala de valores. Si tras este análisis, se da cuenta de que el tema no es tan importante, déjelo estar, déjelo que correr…su hijo o hija no morirá si un día no cena.

    Muchas de las discusiones diarias tienen su origen en un sentimiento de impotencia por parte de los padres. Si “buceamos” por este pensamiento veremos que se sustenta en la creencia de que los padres buenos son aquellos que siempre controlan a la perfección la conducta de sus hijos. Así cada vez que se da una situación difícil, los padres se incomodan y “declaran la guerra” abiertamente. Los niños continuamente están midiendo los límites, así que si se siente desafiado, no caiga en la trampa de pensar que usted es un fracasado como padre o madre.

    Remitiendo al título de la entrada, “dos no pelean si uno no quiere”. Si en medio de un conflicto, uno de las personas decide mantenerse al margen y deja de molestar al otro, éste abandonará la guerra. Sin oponente no es posible pelearse. En vez de ir uno contra otro, unan fuerzas para buscar maneras de solucionar el desacuerdo.

    A modo de resumen:

    • El desacuerdo es normal, e incluso positivo.
    • Además de la pelea, existen más alterativas para solucionar los conflictos.
    • El conflicto es una buena oportunidad para establecer una interacción positiva basada en la comprensión del otro.
    • Dos no pelean si uno no quiere.

     

    Bibliografía consultada: Meeks, C. (2010). Recetas para educar. Barcelona: Ediciones Medici; Pearce, J. (1996). Peleas y provocaciones. Cómo ayuda a tu hijo a controlar su agresividad. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.

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  • Formas de darle la vuelta a los pensamientos automáticos

    2 marzo 2016
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    Siguiendo con la entrada anterior, en ésta abordaremos diferentes técnicas útiles para cambiar el contenido de los pensamientos automáticos.

    Recordemos que los pensamientos automáticos suelen ser difíciles de detectar, ya que son sutiles y se entremezclan entre el torrente continuo de pensamiento. A esto le debemos sumar su espontaneidad y gran intensidad. Pero sin duda, el rasgo más definitorio es su elevada credibilidad. A pesar de no estar fundamentados en un análisis crítico, son tomados como verdades absolutas. Así que veamos cómo podemos analizarlos contrastando su contenido con la realidad.

    Podemos comenzar por realizar un análisis sobre los hechos que tenemos a favor y en contra del pensamiento. A veces sacamos una conclusión en base a una única situación, sin percibir todas aquellas situaciones que van en dirección contraria a lo que pensamos. Esta técnica es parecida a un juicio, donde se valoran todas las pruebas para extraer una conclusión.

    Como son pensamientos en términos absolutos, tengamos cuidado con términos como siempre o nunca. Seamos concretos y específicos, mantente fiel a la realidad y evita las valoraciones genéricas sobre la misma. Como las cosas no son blancas o negras, atendamos a la gran gama de grises, pensemos en porcentajes. Somos demasiados complejos para describirnos en base a juicios dicotómicos.

    En ocasiones, sin darnos cuenta creemos saber lo que la otra persona piensa o creemos conocer el futuro. Aunque suena genial, no tenemos una bola de adivino y todos los pensamientos basados en creencias tan débiles de argumentos, son sujetos de dudas. En estos casos podemos comprobarlos directamente, pero como esto no siempre es posible, utilicemos la técnica de pruebas a favor y en contra.

    Otra técnica interesante es someter a nuestro pensamiento al método experimental. Es decir, realizar experimentos para verificar el nivel de fiabilidad de su contenido.

    Podemos también realizar un análisis coste-beneficio. ¿Pensar así que ventajas me aporta? ¿Me ayuda a conseguir mis objetivos? ¿Me es útil decirme estas cosas? ¿Hay alguna manera más positiva y realista de pensar?

    Técnica del doble parámetro: normalmente somos mucho más duros con nosotros mismos que con los demás, cuando surja un pensamiento negativo, pregúntate  ¿le diría eso a alguien? ¿Por qué no? ¿Qué le diría en su lugar?. Los parámetros que usamos con nosotros mismos son estrictos, duros y pocos realistas. Con los demás somos más justos, respetuoso, les animamos cuando sufren. Un truco es tratarse a un mismo como a un amigo íntimo que se encuentra en apuros.

    Defina los términos que usa: ¿qué quiero decir con eso realmente? ¿es posible ser siempre así?

    Si el pensamiento es de culpabilidad, piensa en todos aquellos factores que pueden estar contribuyendo en la situación problemática, en vez de echarte toda la culpa sobre tus espaldas. Céntrate en la solución en vez de malgastar toda tu energía culpabilizándote o dando mil vueltas al problema.

    Estas son sólo algunas técnicas que te pueden servir para desbancar a tus pensamientos negativos. Busca cuales son las que más te sirven a ti y recuerda que estos pensamientos son difíciles de cambiar, pero que son aprendidos y que por lo tanto con práctica, se pueden desaprender.

     

     

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  • Pensamientos automáticos

    24 febrero 2016
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    ¿A qué nos referimos con el concepto “pensamientos automáticos”? Cuando usamos este término acuñado por Aaron Beck, nos referimos a todos aquellos pensamientos “no conscientes” que nos decimos y que frecuentemente generan una emoción negativa. De este hecho se desprende la relación existente entre la emoción sentida y el contenido de dichos pensamientos.

     

    Todos tenemos una serie de creencias que describen nuestro mundo y que en cierta manera, nos ayudan a disuadir una incertidumbre angustiante. Estas etiquetas se nutren de infinitos diálogos con uno mismo. Como decimos, muchas veces nos somos conscientes de ellos pero sin embargo son muy poderosos, capaces de crear emociones negativas de elevada intensidad.

     

    Veamos las principales características de estos incómodos “acompañantes”:

    • Pueden ser una imagen o una frase breve pero rotunda, por ejemplo “eres patético”. En muchas ocasiones están anclados a un recuerdo doloroso y su sola presencia desencadena otros nuevos pensamientos automáticos, a cual más doloroso.
    • Son espontáneos, invasivos, surgen de repente en nuestra mente con una elevada intensidad.
    • Son idiosincráticos, es decir, cada persona tiene unos pensamientos automáticos regidos por una interpretación individual, personal y única.
    • Su contenido suele ser catastrófico, lo que genera elevados niveles de ansiedad.
    • Suelen ser sutiles y discretos, no son fáciles de identificar porque parecen fruto de un proceso racional cuando son todo lo contrario. A veces se confunden entre el torrente de pensamientos que tenemos.
    • Tienen mucha credibilidad. Aunque su contenido sea irracional, son vividos como reales y creíbles como si se trataran de una fotografía de la realidad. Esta característica se debe en parte a su sutileza, lo que dificulta un análisis lógico de los mismos, es decir son aceptados sin ser cuestionados.
    • Son difíciles de cambiar por su sutileza, lo que hace que sean difíciles de detectar y diferenciar de otro tipo de pensamientos. Así también, al mostrar una gran carga emocional y mostrarse totalmente ciertos, resulta difícil modificar su contenido en base a un análisis lógico.
    • Se han formado en base a un aprendizaje. Desde pequeños vamos formando nuestro marco de interpretación influidos por la familia, amigos y entorno social.

     

     

    Detectar estos pensamientos automáticos es el paso previo para reducir las emociones desagradables que desencadenan. La mejor manera de saber si un pensamiento es automático es fijarse si va acompañado de una emoción ansiógena. A lo largo del día tenemos un continuo diálogo interno, por lo que prestar atención si alguno de estos pensamientos muestra las características nombradas es el primer paso para cambiarlos.

     

    En la próxima entrada expondremos algunas preguntas que pueden guiar el análisis del contenido de estos pensamientos. Una vez detectados, debemos comprobar su veracidad. Para esto, sigue la próxima entrada.

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  • Derechos personales de los niños

    17 febrero 2016
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    Espero que la anterior entrada os llevara a reflexionar si normalmente defendemos nuestros derechos (esto no ocurre si se nos humilla, no se nos tiene en cuenta, se nos avasalla…) o si solemos trasgredir los de las demás personas (esto ocurre cuando intentamos imponer nuestra idea o infravalorar la opinión de los demás, por ejemplo).

    En esta entrada abordaremos algunos derechos asertivos que todo niño y adolescente tiene por el simple hecho de ser una persona, independientemente de su edad.

    • DERECHO a no dar excusas o dar explicaciones a todo el mundo por lo que haces.
    • DERECHO a cambiar de opinión si consideras que ya no piensas lo mismo.
    • DERECHO a ser juez de tus propias emociones, pensamientos y comportamiento.
    • DERECHO a ser el responsable de las consecuencias de lo que siente, piensas y haces.
    • DERECHO a no sentirte culpable si las cosas van mal.
    • DERECHO a no saber todo, puede decir “no lo sé” sin sentirte culpable o inferior a los demás.
    • DERECHO a no entender todo, puedes decir “no lo entiendo” sin sentirte mal.
    • DERECHO a cometer un error y admitirlo, sin vergüenza.
    • DERECHO a escoger tus amigos.
    • DERECHO a no ser amigo de todos, no tienes porque gustarte lo que el mundo hace y no pasa nada.
    • DERECHO a no demostrarle a todo el mundo que estás en lo cierto.
    • DERECHO a no ser perfecto, no tienes que sentirte mal si algo no te sale tan bien.

     

    Bibliografía consultada: Salmurri, F. (2004). Libertad emocional. Estrategias para educar las emociones. Paidos: Barcelona; Monjas, M.I. (2009). Cómo promover la convivencia: Programa de asertividad y habilidades sociales (PAHS). CEPE: Madrid.

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